Cuando N llegó el 7 de enero de 2024, comprendí que la paternidad no es una ciencia exacta, sino un viaje de transformación continua. Ser padre de tres hijos ya no es solo criar, es orquestar una sinfonía familiar donde cada integrante tiene su propia melodía.
Más Allá del Control
Con M de 13 años y A de 10, la llegada de N no fue una interrupción, sino una expansión. Aprendí que ser padre no significa tener todo bajo control, sino fluir con los cambios, adaptarse y reimaginarse constantemente.
El Amor en Múltiples Dimensiones
Cada hijo me ha enseñado que el amor no se divide, se multiplica. M, en su adolescencia, muestra una protección casi maternal. A disfruta cada momento de juego con su hermano pequeño. Y N, con su llegada, ha traído una nueva energía que renueva nuestra dinámica familiar.
Lecciones de Flexibilidad
Tres hijos significan tres personalidades, tres formas de ver el mundo. Significa negociar tiempos, espacios, atenciones. Significa entender que no hay fórmulas únicas, solo adaptación constante.
El Deporte Como Metáfora
Ver a M en volleyball y A en gimnasia me recuerda que la paternidad es como un entrenamiento de alta competencia. Requiere disciplina, práctica, pasión y la voluntad de levantarse después de cada caída.
La Paciencia como Superpoder
Con N, he aprendido que la paciencia no es pasividad, es una estrategia. Es saber escuchar, observar, intervenir en el momento justo. Es entender que cada etapa tiene su propio ritmo y valor.
Un Legado en Construcción
Vengo de una familia de profesionales dedicados – abogados, doctores, profesores – pero ser padre es mi vocación más importante. Cada día intento transmitir no solo conocimientos, sino valores. Respeto, integridad, pasión por aprender.
La llegada de N no fue una adición, fue una transformación. Me ha enseñado que la paternidad no es un destino, es un viaje de ida y vuelta donde uno aprende tanto como enseña.

Deja un comentario