Queridos M, A y N,
Hoy quiero hablarles sobre algo que siempre será un pilar fundamental en mi vida y, espero, en la de ustedes también: el legado de nuestros abuelos y nuestras raíces peruanas. A pesar de que ahora vivimos en Canadá, nuestras raíces profundas están en el Perú, y esas raíces son un regalo que quiero que siempre lleven con ustedes, no solo como un recuerdo, sino como una fuente de orgullo y fortaleza.
Mi abuela paterna es quechuahablante y una mujer profundamente orgullosa de sus orígenes serranos. Ella y mi abuelo, quien fue profesor de secundaria y director de una escuela rural en Huánuco, fueron ejemplos de entrega y trabajo por los demás. Mi abuelo dedicó su vida a enseñar y formar a las generaciones que pasaban por su escuela, muchas de ellas de lugares rurales donde la educación no era fácil de acceder. Sus esfuerzos transformaron vidas, y lo hicieron sin buscar nada a cambio, solo por el amor a la enseñanza y la creencia de que la educación era la llave para un futuro mejor. Mi abuela, por su parte, también fue profesora y con su ejemplo nos enseñó lo que significa el sacrificio por los demás, especialmente en las comunidades más necesitadas. De ellos aprendí el valor del trabajo en equipo, de darlo todo por los demás y de siempre recordar nuestras raíces, especialmente las que vienen de la sierra peruana.
Por otro lado, mi abuelo materno fue un hombre orgullosamente criollo, alguien con un amor profundo por el criollismo peruano, por la música, la cultura y los valores de la costa. Fue un hombre que siempre se mostró auténtico, fiel a sus tradiciones y creencias, y me enseñó a ser fuerte en mis convicciones, a valorar lo que soy y de dónde vengo. Recuerdo sus historias sobre la vida en la costa, sobre lo que significa ser criollo, y cómo se debe vivir con respeto por la cultura peruana, siempre con orgullo.
Hoy, quiero que sientan lo mismo que yo: un gran orgullo de ser peruanos. De ser serranos, cholos, y mixtos. Aunque muchos en el mundo puedan ver esto como algo que nos divide, nosotros sabemos que estas raíces nos hacen fuertes, ricos en cultura, en tradiciones y en historia. Estas raíces no son algo que se deba esconder, sino que deben llevarse con la cabeza en alto, porque somos un reflejo de la diversidad y la riqueza de nuestro país.
Ustedes, M y A, nacieron en el Perú, y esas raíces son aún más fuertes en ustedes. Aunque ahora vivamos en Canadá, las costumbres, el calor humano, y las historias que nos vienen de nuestras tierras peruanas seguirán acompañándolos siempre. Yo me siento profundamente orgulloso de ser peruano, y aunque he vivido en diferentes lugares, nunca he dejado de llevar conmigo la esencia del Perú, ese Perú que nos da fortaleza y sabiduría, que nos enseña a levantarnos una y otra vez, sin importar los obstáculos.
Quiero que siempre lleven en el corazón la enseñanza de nuestros abuelos. Ellos nos dieron el ejemplo de cómo vivir con honor, con trabajo, y con amor por la cultura peruana, y quiero que nunca lo olviden. Como familia, llevamos la sangre de las montañas, la costa y las tierras altas, y eso es algo que siempre debe llenarnos de orgullo. Somos un hermoso crisol de culturas que debemos abrazar y transmitir a las generaciones futuras.
Así que, siempre recuerden que sus raíces son lo que los hace únicos, lo que los conecta con el Perú, lo que les da una identidad fuerte y clara. No importa dónde estén, nunca olviden el valor de ser peruanos, de ser mestizos, de ser quienes somos, con todo lo que ello implica. En sus corazones, el Perú siempre estará presente, y ese legado que nos dejaron nuestros abuelos será lo que los guiará en cada paso que den.
Con todo mi amor y orgullo,
Papá
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