Mis queridos M, A y N:
Esta carta es un abrazo, un mapa y una promesa. Un abrazo de amor, un mapa para navegar estos tiempos digitales y una promesa de acompañamiento incondicional.
Cada vez que veo cómo manejan un dispositivo, cómo eligen practicar volleyball o gimnasia, cómo estudian con pasión, me lleno de un orgullo que desborda cualquier pantalla.
No vengo a darles una clase. Vengo a compartirles cómo los veo: como navegantes de un mundo que cambia más rápido que un like en Instagram.
El Respeto como Brújula
Quiero que sepan que el respeto no es una opción, es su norte. Respetarse a ustedes mismos, respetar a los demás, en cada mensaje, en cada comentario, en cada interacción. La pantalla no les quita la humanidad, la preserva o la destruye.
Sus Sueños, No Mis Miedos
Cuando M elige perfeccionar cada saque en volleyball o cuando A desafía a la gravedad en gimnasia, no veo límites. Veo potencial. La tecnología no definirá sus sueños, ustedes sí.
La Libertad Responsable
No quiero controlar cada clic. Quiero que aprendan a elegir. Que cada like, cada búsqueda, cada segundo en línea sea una decisión consciente. La información está a un click, pero la sabiduría está en cómo la procesan.
Un Legado Más Allá de las Pantallas
Mis abuelos fueron profesores. Yo les heredo algo más valioso: la capacidad de adaptarse, de aprender, de ser íntegros en un mundo que cambia cada segundo.
La Promesa
Prometo estar. No vigilando, acompañando. No juzgando, escuchando. No controlando, guiando.
Porque esta carta no es sobre la tecnología. Es sobre ustedes. Sobre cómo construyen su identidad en un mundo donde un mundo cabe en una pantalla.
Con todo mi amor,
Papá

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