SEGURIDAD·PROPUESTA

Ser policía debe volver a ser una carrera que valga la pena

No se puede exigir una Policía profesional y tratar su carrera como una ocupación de segunda. La responsabilidad que el Estado le entrega a un policía necesita un respaldo institucional concreto: condiciones de empleo que correspondan a lo que se le exige todos los días.

Los artículos anteriores de esta serie hablaron de estructura, carrera y formación. Pero ninguna reforma policial funciona si ser policía no es una opción profesional atractiva para personas capaces e íntegras.

Lo que el Estado le pide a un policía

El Estado le pide a un policía cuatro cosas que pocas profesiones exigen al mismo tiempo:

  • Trabajar en turnos: noches, feriados y jornadas que desordenan la vida familiar.
  • Enfrentar violencia, como parte ordinaria del trabajo y no como excepción.
  • Ejercer la autoridad del Estado: detener, usar la fuerza y portar un arma.
  • Asumir riesgo personal, propio y, muchas veces, de su familia.

El principio

Esa responsabilidad necesita respaldo institucional concreto. No discursos en ceremonias, sino condiciones de empleo que correspondan a lo que el Estado exige todos los días.

Mi propuesta: seis componentes de una carrera que valga la pena

1. Remuneración competitiva. Un sueldo que compita con alternativas reales del mercado laboral y que no obligue al policía a buscar ingresos adicionales para sostener a su familia. La precariedad económica es, además, una puerta abierta a la corrupción.

2. Salud física y soporte psicológico. Atención de salud efectiva para el policía y su familia, soporte psicológico profesional y sin estigma, y protocolos de atención tras incidentes críticos. La exposición sostenida a la violencia tiene consecuencias clínicas, e ignorarlas es un costo operativo.

3. Equipo y uniforme provistos por la institución. El uniforme, la protección y el equipo operativo son herramientas de trabajo del Estado, no gastos personales del trabajador.

4. Formación y especialización reconocidas. Formación permanente pagada por la institución, con certificaciones que cuenten en la carrera y en la remuneración. Una capacitación que no se reconoce en el legajo es tiempo perdido para el policía y para el Estado.

5. Apoyo familiar acorde al riesgo. Cobertura para la familia ante muerte o invalidez en servicio, vivienda y traslados en destinos de alto riesgo, y acompañamiento en los procesos legales derivados del servicio.

6. Ascensos transparentes y perspectiva de carrera. Reglas públicas, criterios verificables y resultados auditables. El policía debe saber qué se le exige para avanzar y poder comprobar que la regla se aplicó. Un ascenso opaco desmoraliza más que un sueldo bajo.

Por qué los seis deben moverse juntos

Cada componente aislado tiene un efecto limitado. Un aumento de sueldo sin ascensos transparentes premia por igual a quien rinde y a quien no. Una mejor formación sin reconocimiento en la carrera no se traduce en permanencia. Y ninguna mejora retiene a un buen policía si su familia queda desprotegida cuando algo sale mal. Las condiciones de la carrera funcionan como un paquete: se refuerzan entre sí o se neutralizan.

La objeción obvia: ¿eso no crea privilegios?

Es una pregunta legítima, sobre todo en un país donde muchos trabajadores no tienen ninguno de estos beneficios.

La respuesta es que los beneficios no sustituyen la rendición de cuentas. Son parte de profesionalizar un servicio público de alto riesgo. Y el mismo modelo que mejora las condiciones del policía honesto refuerza el control, la evidencia objetiva y las consecuencias para quien abusa de su autoridad. Mejores condiciones y mayor exigencia son dos caras de la misma reforma: no se puede pedir más integridad a quien se trata como descartable, ni se deben dar mejores condiciones sin exigir más.

Qué cambia para el ciudadano

Para el ciudadano, significa policías estables, formados y menos expuestos a la tentación de la corrupción. Para el policía, significa condiciones que corresponden al riesgo y a la autoridad que el Estado le entrega.

Hacia 2050

La calidad de una policía depende de a quién logra atraer y a quién logra retener. Si la carrera policial no compite con otras opciones profesionales, la institución recibirá, con los años, a quienes no tuvieron otra alternativa. Una carrera que valga la pena es la condición para que el Perú tenga dentro de veinte años la policía que necesita.

Conclusión

No se puede exigir una Policía profesional y tratar su carrera como una ocupación de segunda.

Fuentes

  1. Este artículo desarrolla una propuesta de condiciones de carrera. No cita cifras ni normas específicas.