El penal es el único lugar donde el Estado convive todos los días con el crimen organizado que logró capturar. Ahí están los cabecillas, las estructuras de mando, los financistas y los operadores. Y si el control falla, esas organizaciones siguen funcionando.
Eso define el tipo de capacidad que se necesita. No basta con vigilar puertas y contar internos. Hay que entender cómo se organizan las bandas adentro, cortar sus comunicaciones, anticipar motines y fugas, proteger los traslados y resistir los intentos de comprar al propio personal.
El diagnóstico: la seguridad penitenciaria es una especialidad
La seguridad de un penal no es una variante administrativa de la vigilancia. Es una especialidad de seguridad, tan exigente como cualquier función policial compleja: doctrina, inteligencia, tecnología y capacidad operativa.
Cuando se la trata como custodia genérica, pasa lo que ya vemos. El personal no recibe la formación que el riesgo exige, la inteligencia sobre las organizaciones internas es débil, la tecnología se degrada sin responsables y los traslados se vuelven los momentos más vulnerables del sistema.
Mi posición
La seguridad penitenciaria debe ser una especialidad policial, no una función administrativa de custodia. Y esa especialidad tiene que convivir con un sistema de tratamiento y rehabilitación fortalecido, a cargo de profesionales civiles.
Mi propuesta: la Agencia Nacional de Correccionales (ANC)
Propongo crear la Agencia Nacional de Correccionales (ANC): una agencia policial especializada en seguridad correccional, con carrera, doctrina, formación y capacidad operativa propias, dentro de la arquitectura de agencias especializadas que he planteado para la reforma de la Policía.
Como las demás agencias, compartiría la coordinación estratégica, el marco legal, la carrera policial única, el sistema de integridad y la infraestructura digital. Lo que la distingue es su misión: el control efectivo de los penales.
Cinco especialidades
1. Custodia y seguridad institucional. La especialidad central: control efectivo del establecimiento. Perímetro, pabellones, traslados internos, control de accesos y respuesta ante incidentes. Todo lo demás se apoya en esto.
2. Inteligencia penitenciaria. Capacidad profesional de inteligencia sobre las organizaciones que operan adentro: estructuras de mando, vínculos, comunicaciones y cambios en las redes, siempre con protocolos legales de acceso y uso de la información.
3. Operaciones especiales y traslados de alto riesgo. Unidades preparadas para incidentes graves y para mover internos de riesgo extremo. El traslado es uno de los momentos más vulnerables del sistema: ahí se concentran las fugas y los rescates armados.
4. Tecnología de seguridad y control de accesos. Operar y supervisar la tecnología crítica del penal: bloqueo de señal, videovigilancia, detección de dispositivos y control biométrico de accesos, con mantenimiento medido y un responsable con nombre.
5. Integridad interna y control autónomo. La ANC necesita su propio control de integridad y coordinación con la Inspectoría General de Asuntos Internos (IGAI) que he propuesto, que mantendría competencia sobre todas las agencias policiales. Donde las organizaciones criminales intentan comprar al personal, la integridad es parte del núcleo de la función.
Personal correccional profesional
El servidor penitenciario trabaja todos los días frente a organizaciones capaces de amenazar a su familia. El Estado tiene que responder a eso con cuatro condiciones:
| Condición | Qué implica |
|---|---|
| Carrera | Progresión propia dentro de la carrera policial única |
| Remuneración | Acorde al riesgo y a la exposición real del puesto |
| Formación | Formación inicial especializada y actualización permanente |
| Bienestar | Salud, apoyo psicológico y protección familiar frente a represalias |
Sin esto, ninguna reforma sobrevive. El personal mal pagado, mal formado y desprotegido es exactamente el que las organizaciones criminales salen a reclutar.
La rehabilitación sigue siendo civil
Profesionalizar la seguridad no significa convertir a cada profesional del sistema en policía armado. Psicología, trabajo social, educación, salud y gestión de casos son funciones esenciales, y hay que fortalecerlas.
Mi diseño separa las dos funciones con claridad. La seguridad, a cargo de la agencia policial: custodia, inteligencia, tecnología, operaciones y control de accesos. El tratamiento, a cargo de profesionales civiles: psicología, trabajo social, educación, salud y gestión de casos.
Hoy ninguna de las dos tiene los recursos que necesita. Separarlas permite fortalecer cada una con su propia lógica.
Cómo lo implementaría
Esto exige cambios legales, y no quiero minimizarlo. Hoy la seguridad penitenciaria está a cargo del INPE, bajo el sector Justicia. Pasar la función de seguridad a una agencia policial requiere definir por ley su creación, su relación con el INPE y con el sector que la conduzca, la situación del personal actual y la transferencia de funciones y recursos.
Lo haría de forma gradual:
- Marco legal y doctrina de la agencia.
- Arranque en los penales de máxima seguridad y en los que concentran internos del crimen organizado.
- Rutas de incorporación, evaluación y formación para el personal de seguridad que ya existe, para no perder la experiencia acumulada.
- Fortalecimiento en paralelo del tratamiento civil, para que nadie lea la reforma como un reemplazo de la rehabilitación por el control.
Y medición pública desde el día uno: fugas, incidentes graves, dispositivos incautados, delitos coordinados desde adentro y casos de corrupción del personal detectados y sancionados.
La objeción obvia: ¿militarizar las cárceles?
No. Profesionalizar la seguridad no convierte la rehabilitación en una operación militar. Son dos funciones que conviven con objetivos distintos: control profesional de la seguridad y tratamiento a cargo de civiles.
Además, hablo de una agencia policial, sujeta a la carrera policial, al marco legal del uso de la fuerza y al control de integridad. No de las Fuerzas Armadas. La pregunta de fondo no es si la cárcel debe tener seguridad profesional. Es por qué hoy no la tiene.
Qué cambia para el ciudadano
Penales donde manda el Estado y desde donde no se ordenan delitos. Menos extorsiones coordinadas desde una celda, menos fugas en traslados, menos motines que terminan en crisis.
Y para el servidor, algo concreto: una carrera especializada, con formación, protección y reconocimiento profesional.
Hacia 2050
Si el Perú quiere reducir el crimen organizado de forma sostenida, la cárcel tiene que dejar de ser un centro de operaciones. Me imagino un sistema penitenciario con seguridad profesional, tecnología que funciona, personal íntegro y programas de rehabilitación con recursos reales. No uno de esos cuatro. Los cuatro.
Conclusión
Control profesional afuera. Rehabilitación donde corresponde, adentro. Ninguna de las dos puede seguir siendo un apéndice administrativo.
Fuentes
- Propuesta de Letras de Cambio sobre la arquitectura de agencias policiales especializadas y el sistema penitenciario.