Varias entidades peruanas han hecho avances digitales reales. Rediseñaron sus procesos internos, redujeron tiempos de atención, digitalizaron sus expedientes y mejoraron su servicio. Hay que reconocerlo.
Pero un avance interno puede convivir con una conexión débil con el resto del Estado. Y cuando eso ocurre, el ciudadano que usa el servicio mejorado sigue encontrándose con el mismo problema en cuanto su trámite necesita a otra entidad.
El ministerio X construye lo suyo
Pensemos en un modelo conceptual, no en una entidad específica. El Ministerio X decide modernizarse y construye su propio portal, su propia aplicación, su propio sistema de acceso con usuario y clave, su propia base de datos, su propio expediente electrónico, su propio sistema de pagos y su propio sistema de notificaciones.
Todo eso puede mejorar a ese ministerio. Pero si sus componentes no reconocen una identidad común, no comparten datos de forma segura, usan estándares distintos y no conversan con otras entidades, la fragmentación persiste. Simplemente se ha modernizado una isla.
Cuatro rupturas que aíslan a una entidad
- No reconoce una identidad común del ciudadano. Cada entidad le pide que se registre de nuevo.
- No comparte datos con otras entidades de forma segura y trazable. La información queda encerrada donde se generó.
- Adopta estándares propios, distintos a los del resto del Estado.
- Su servicio termina donde empieza la competencia de otra entidad. El trámite se corta en la frontera institucional.
Cuando estas rupturas ocurren, el costo lo paga el ciudadano: vuelve a ser él quien traslada la información de una entidad a otra.
Cada sector sí necesita soluciones especializadas
Conviene precisarlo para no caer en el error contrario. Salud necesita sistemas clínicos. Educación necesita sistemas de gestión educativa. Justicia necesita sistemas judiciales. Nadie propone que un hospital y un colegio usen el mismo software.
La propuesta no es que todos usen el mismo software. Es que todos compartan una arquitectura digital común.
Infraestructura digital común
El concepto que resuelve esta tensión es el de una infraestructura digital común: en la literatura internacional se la conoce como common digital rails. Cada sector mantiene sus propios servicios, pero todos se apoyan en la misma base transversal: identidad, interoperabilidad, seguridad, datos, infraestructura y estándares.
El Perú ya tiene piezas de esta base: la Ley de Gobierno Digital, la PIDE y los estándares de la Secretaría de Gobierno y Transformación Digital. No se trata de una única implementación física para todo el Estado, sino de estándares comunes y componentes reutilizables cuando corresponda. Lo pendiente es que su adopción sea homogénea en la práctica.
Lo que haría diferente
Propongo cuatro cambios de regla:
- La base transversal se define a nivel de Estado, no entidad por entidad.
- Cada proyecto sectorial se aprueba mostrando cómo se conecta a ella. Si un proyecto no explica cómo usa la identidad común, cómo intercambia datos y qué estándares sigue, no debería aprobarse.
- La especialización sectorial se mantiene; los estándares comunes dejan de ser opcionales.
- El cumplimiento se mide por servicios integrados, no por sistemas entregados. Un sistema nuevo no es un logro si el ciudadano sigue cargando la información de una entidad a otra.
Esto no es una crítica a una gestión en particular. Es un problema de diseño institucional que atraviesa gobiernos.
La objeción obvia: esperar la arquitectura común frena a los que ya avanzan
Una entidad que ya modernizó sus procesos podría ver en los estándares comunes un freno: tener que adaptar lo que ya funciona, o esperar a que el resto del Estado se ponga al día.
El riesgo existe, y por eso la base común no debe diseñarse como un trámite previo que paraliza todo, sino como un conjunto de reglas de conexión. Lo que una entidad ya construyó no se descarta: se conecta. Y el costo de no hacerlo es mayor, porque cada sistema que nace aislado tendrá que integrarse después, cuando sea más caro.
Qué cambia para el ciudadano
Para el ciudadano, significa que un trámite no termina en la puerta de una entidad. Que no tiene que llevar a mano el certificado que emitió otra oficina. Que la mejora de un ministerio se nota en toda su relación con el Estado, no solo en una ventanilla.
Hacia 2050
Si el Perú sigue digitalizando entidad por entidad, en veinte años tendrá cientos de islas digitales modernas y un Estado igual de fragmentado. Si define hoy una base común, cada avance sectorial sumará al conjunto.
Conclusión
Un Estado digital no aparece cuando cada ministerio se digitaliza por separado. Aparece cuando las instituciones pueden operar como partes de un mismo sistema.
Fuentes
- Decreto Legislativo 1412, Ley de Gobierno Digital.
- Presidencia del Consejo de Ministros, Secretaría de Gobierno y Transformación Digital: Plataforma de Interoperabilidad del Estado (PIDE) y estándares de gobierno digital.