CENIT·ANáLISIS

El Perú no necesita más aplicaciones. Necesita un Estado que funcione como un sistema

El Estado peruano ya tiene tecnología: leyes de gobierno digital, plataformas de interoperabilidad, un portal único de trámites y mecanismos de identidad digital. El problema no es la ausencia de piezas, sino que todavía no operan como una sola arquitectura. Esta serie parte de ese diagnóstico.

Cada cierto tiempo, una entidad pública anuncia una nueva aplicación, una nueva plataforma o un nuevo portal. Cada anuncio, por separado, puede ser una buena noticia. Pero el ciudadano sigue viviendo la misma experiencia: un usuario y una clave distintos para cada entidad, el mismo dato pedido una y otra vez, y trámites que se digitalizaron hacia adentro sin que cambiara nada hacia afuera.

El Perú no necesita más aplicaciones. Necesita que el Estado funcione como un sistema.

El punto de partida no es un Estado sin tecnología

Conviene empezar por lo que ya existe, porque es bastante:

ÁmbitoLo que existe hoy
Marco legalLey de Gobierno Digital (Decreto Legislativo 1412) y su reglamento
ConducciónLa PCM, a través de la Secretaría de Gobierno y Transformación Digital, es el ente rector del Sistema Nacional de Transformación Digital
InteroperabilidadLa Plataforma de Interoperabilidad del Estado (PIDE) opera desde 2011 y permite el intercambio electrónico de información entre entidades
Servicios e identidadgob.pe concentra información y trámites digitales, y existen mecanismos de identidad digital para acceder a ellos
Seguridad y datosCentro Nacional de Seguridad Digital y Estrategia Nacional de Gobierno de Datos 2026–2030

Cualquier propuesta seria debe partir de aquí. Desconocer lo construido sería injusto con quienes lo hicieron y, además, un error de diseño: lo que ya funciona debe aprovecharse, no reemplazarse.

El problema no es la tecnología

Hay rectoría, normas, plataformas y proyectos. Lo que falta es convertirlos en una capacidad estatal coherente, reutilizable y permanente. Hoy la adopción es heterogénea entre entidades y la ejecución, desigual. Muchas plataformas digitales no equivalen a un Estado digital integrado.

El patrón es reconocible. La entidad A construye el sistema A, la entidad B construye el sistema B y la entidad C construye el sistema C. Cada uno puede funcionar bien por separado. Ninguno garantiza, por sí solo, que el Estado funcione como conjunto.

Dónde se nota la fragmentación

La fragmentación no es un concepto abstracto. Se nota en seis lugares concretos:

  • Identidad. Cada sistema con su propio usuario y clave.
  • Datos. El mismo dato repetido en varias entidades y con distinta calidad.
  • Sistemas. Estándares e integraciones hechos caso por caso.
  • Proveedores. Contratos aislados sin una arquitectura que los ordene.
  • Seguridad. Niveles de protección muy distintos entre entidades.
  • Procesos. Trámites rediseñados hacia adentro, no de extremo a extremo.

El resultado es que el ciudadano termina cruzando a pie las fronteras internas del Estado. Lleva de una ventanilla a otra la información que el propio Estado ya tiene, y vuelve a demostrar en cada entidad quién es.

Digitalización aislada frente a Estado digital

La diferencia entre ambos modelos es de arquitectura. En la digitalización aislada, cada entidad construye su propia pila tecnológica completa. En un Estado digital, todas las entidades comparten una misma base: identidad común, interoperabilidad, datos gobernados, ciberseguridad, infraestructura y estándares. Sobre esa base se conectan los servicios de cada sector.

No se trata de que todos usen el mismo software. Se trata de que todos construyan sobre la misma base.

Mi posición: tratar los cimientos digitales como infraestructura pública

Propongo tratar los cimientos digitales del Estado como infraestructura pública común, igual que se trata una carretera o una red de agua: con estándares compartidos, componentes reutilizables cuando corresponda y una capacidad permanente que los sostenga, en lugar de una sucesión de proyectos sueltos.

Esa infraestructura tiene seis cimientos:

  1. Identidad digital. Que el ciudadano pueda demostrar quién es una sola vez, de forma segura, ante cualquier entidad.
  2. Interoperabilidad. Que las entidades intercambien información entre sí en lugar de pedirla al ciudadano.
  3. Gobierno de datos. Que cada dato tenga una fuente oficial, un responsable y un estándar.
  4. Ciberseguridad. Que la protección del Estado no dependa del nivel de madurez de cada entidad.
  5. Infraestructura digital. Conectividad, centros de datos y nube sobre los que todo lo anterior funciona.
  6. Arquitectura común. Las reglas que ordenan cómo se construye, se compra y se conecta la tecnología pública.

Los próximos artículos de esta serie desarrollan cada cimiento. Letras de Cambio propondrá además una arquitectura institucional para sostenerlos: CENIT, el Centro Nacional de Infraestructura y Transformación Digital.

La objeción obvia: centralizar la tecnología frena la innovación

Es una preocupación legítima. Si una sola institución decide todo lo tecnológico, los sectores pierden capacidad de adaptar sus sistemas a sus necesidades y todo avanza al ritmo del cuello de botella.

Pero la propuesta no es centralizar todos los sistemas, sino la base común. Un hospital, un colegio o una fiscalía tienen necesidades distintas y deben tener sistemas distintos. Lo que no deberían tener es su propia forma de identificar a una persona, su propio estándar para un mismo dato o su propio nivel de seguridad. Compartir la base libera a cada sector para concentrarse en lo que es propio de su misión.

Qué cambia para el ciudadano

Para el ciudadano, el cambio es tangible: una sola identidad para relacionarse con el Estado, menos documentos que presentar porque las entidades se consultan entre sí y trámites diseñados desde su experiencia y no desde el organigrama. Deja de cruzar a pie las fronteras internas del Estado.

Hacia 2050

Los países que hoy son referencia en gobierno digital no llegaron allí acumulando aplicaciones. Construyeron, durante años, una base común sobre la que cada nueva generación de servicios pudo apoyarse. El Perú puede seguir sumando sistemas aislados, o puede empezar a construir la infraestructura sobre la que funcionarán sus servicios públicos durante las próximas décadas.

Conclusión

No necesitamos otra colección de sistemas. Necesitamos que el Estado funcione como un sistema. Las piezas existen. Lo que falta es la arquitectura que las convierta en una sola capacidad pública.

Fuentes

  1. Decreto Legislativo 1412, Ley de Gobierno Digital, y su reglamento.
  2. Presidencia del Consejo de Ministros, Secretaría de Gobierno y Transformación Digital: Sistema Nacional de Transformación Digital, PIDE, gob.pe y Centro Nacional de Seguridad Digital.
  3. Estrategia Nacional de Gobierno de Datos 2026–2030.