SEGURIDAD·LONG READ

La Policía Nacional necesita una reforma completa, no otro parche

El problema de la Policía no es quién la comanda este mes. Es una estructura diseñada para hacer todo a la vez y especializarse en nada. Propongo reemplazar la lógica de policía multipropósito por agencias policiales nacionales especializadas, sobre una plataforma común de carrera, integridad y tecnología.

Cada crisis de seguridad en el Perú trae una respuesta parecida: cambio de comandante general, creación de una nueva dirección, declaratoria de emergencia, anuncio de más patrulleros. Algunas de esas medidas ayudan en el corto plazo. Ninguna toca el diseño de fondo de la institución.

Este artículo abre la serie de seguridad de Letras de Cambio con una tesis: la Policía Nacional necesita una reforma estructural completa. Los artículos siguientes desarrollan cada pieza por separado.

El problema: una sola estructura para trabajos que no se parecen

Hoy le pedimos a una misma institución, con la misma formación y la misma carrera, que cubra al mismo tiempo trabajos que tienen muy poco en común:

  • Patrullaje y respuesta inmediata.
  • Investigación de homicidios.
  • Crimen organizado y extorsión.
  • Tránsito y seguridad vial.
  • Delitos ambientales.
  • Fronteras y control migratorio.
  • Ciberdelito y análisis técnico.
  • Protección de autoridades.

Ninguna institución hace bien ocho oficios distintos con una sola doctrina.

Misiones distintas exigen capacidades distintas

Cada una de esas misiones requiere algo propio en seis dimensiones: reclutamiento (perfiles que no se buscan con el mismo examen), formación (contenidos técnicos propios de cada función), equipamiento (lo que necesita una patrulla no sirve en un laboratorio), doctrina (reglas operativas según el tipo de amenaza), tecnología (sistemas específicos por misión) y carrera (experiencia acumulada donde el Estado la necesita).

Cuando todo se decide con un criterio único, la especialización se vuelve un accidente personal y no una capacidad institucional. Hay excelentes investigadores, peritos y analistas en la Policía; lo que no hay es una estructura que garantice que su experiencia se forme, se conserve y se use donde más rinde.

Mi propuesta: agencias policiales nacionales especializadas

Propongo reemplazar la lógica de policía multipropósito por agencias policiales nacionales especializadas, con autonomía operativa real para cumplir su misión.

No se trata de crear nuevas direcciones, comandos o departamentos dentro de la misma estructura que ya no alcanza. Se trata de instituciones policiales con misión, doctrina y responsabilidad propias. Cada una responde por su misión y por sus resultados.

Agencias distintas sobre una misma plataforma

Especializar no significa dispersar. Las agencias operarían sobre una plataforma institucional común con seis componentes:

ComponenteQué garantiza
Coordinación estratégicaUna sola política nacional de seguridad
Marco legal comúnLos mismos estándares de actuación y uso de la fuerza
Carrera únicaUn mismo sistema profesional para todo policía
IntegridadControl interno con acceso a todas las agencias
TecnologíaRegistros y evidencia en una infraestructura compartida
InteroperabilidadProtocolos que obligan a trabajar juntas

Especializar arriba exige estandarizar abajo. Sin una plataforma común, la autonomía se convierte en desorden.

Diez familias de misión policial

El modelo ordena la función policial según lo que realmente hace. Identifico diez grandes familias de misión, cada una con su propia lógica operativa: seguridad ciudadana y patrullaje; investigación criminal; inteligencia y seguridad del Estado; tránsito; policía ambiental; fronteras y migraciones; control aduanero; guardacostas; protección de dignatarios; y correccionales.

No todas estas familias están hoy dentro de la Policía Nacional, y varias ya tienen funciones repartidas en otras entidades. Los artículos siguientes de esta serie analizan cada caso: algunas funciones deberían convertirse en agencias propias, otras requieren profesionalizar lo que ya existe.

Especializar no es fragmentar

La objeción natural a un modelo de varias agencias es el conflicto de competencias. La respuesta es que la coordinación no se pide por oficio: se define por protocolo. Cuatro reglas resuelven la gran mayoría de los conflictos:

  1. Quién recibe el caso: criterios objetivos de competencia, no negociación entre jefes.
  2. Quién conduce: una agencia responsable y agencias de apoyo identificadas.
  3. Cómo se transfiere la evidencia: cadena de custodia digital trazable entre instituciones.
  4. Cómo cooperan: operaciones conjuntas con mando definido desde el inicio.

Una sola carrera policial

Hoy existen dos trayectorias separadas desde el primer día: la escuela de ingreso define el techo profesional de una persona antes de que exista una sola evaluación de su desempeño operativo.

Propongo un ingreso, una carrera y una escala de grados. El avance debería depender del desempeño, la integridad, la experiencia, la formación completada y la competencia en la especialidad. Un policía no debería tener un techo profesional decidido el día que entra a la institución.

Formar más rápido y seguir formando siempre

El modelo de formación que propongo tiene tres etapas:

  1. Formación inicial: un máximo de 12 meses para la mayoría de funciones policiales, con rutas más cortas donde corresponda.
  2. Servicio operativo supervisado: el aprendizaje continúa en la calle, con acompañamiento y evaluación.
  3. Especialización permanente: recertificación anual, práctica de escenarios, actualización legal y formación por especialidad.

Menos tiempo encerrado en un aula. Más formación durante toda la carrera.

Autonomía operativa exige control autónomo

Dar autonomía a agencias especializadas sin un control igual de fuerte sería un error. Por eso propongo crear la IGAI, Inspectoría General de Asuntos Internos, con independencia funcional y competencia sobre todas las agencias. Tendría cuatro rasgos:

  • Recibe e investiga denuncias y casos de oficio, sin pedir autorización a la agencia investigada.
  • Accede a la evidencia: registros, grabaciones, bitácoras y sistemas operativos.
  • Instruye, pero no sentencia: quien investiga no debe ser quien dicta el fallo disciplinario final.
  • Rinde cuentas con un informe público anual, con la reserva que la ley exige.

El principio es doble: más protección legal para el policía que actúa conforme a la ley y más consecuencias para quien abusa del poder que el Estado le entregó.

La columna digital que sostiene el modelo

Sin datos compartidos, cada agencia especializada vuelve a empezar el trabajo desde cero. El modelo necesita cuatro piezas tecnológicas: un registro operativo único de intervenciones y actuaciones; trazabilidad de la evidencia de extremo a extremo; acceso a datos por rol, con auditoría de cada consulta; e interoperabilidad obligatoria entre agencias y con la Fiscalía.

Una transición que no apaga la Policía mientras se reforma

Una reforma de este tamaño no puede hacerse de un día para otro ni interrumpir el patrullaje diario. Propongo cinco fases:

  1. Diagnóstico: funciones, personal, infraestructura y capacidades reales.
  2. Arquitectura legal: competencias, límites, controles y régimen de carrera.
  3. Equivalencias de personal: nadie pierde el grado ganado en el tránsito al nuevo modelo.
  4. Transición operativa: agencia por agencia, con continuidad del servicio diario.
  5. Evaluación: resultados medidos y corrección de lo que no funcione.

El orden de las fases importa más que el calendario: ninguna etapa debe abrirse antes de cerrar la anterior.

La objeción obvia: ¿no sería demasiado complejo crear varias agencias?

Es la primera reacción de muchos: una sola institución parece más simple de conducir que varias.

Pero la complejidad ya existe. Está en las misiones. Investigar un homicidio, controlar una frontera y patrullar un barrio son tareas complejas y distintas hoy, con o sin reforma. La estructura actual no elimina esa complejidad; simplemente la esconde dentro de una sola organización, donde se vuelve difícil saber quién responde por cada resultado.

El modelo que planteo no agrega complejidad. Hace visible la responsabilidad: cada misión tiene una institución que responde por ella ante el ciudadano. Y la plataforma común, con carrera única, control interno transversal y datos compartidos, evita que esa especialización se convierta en dispersión.

Qué cambia para el ciudadano

Para el ciudadano, significa una institución identificable que responde por cada tipo de delito que lo afecta. Si lo extorsionan, sabe qué agencia debe investigar y a quién pedir cuentas. Para el policía, significa una carrera con techo abierto, formación continua y respaldo cuando actúa conforme a la ley.

Hacia 2050

Las amenazas que enfrentará el Perú en las próximas décadas serán cada vez más especializadas: economías ilegales transnacionales, ciberdelito, crimen financiero, delitos ambientales. Una policía diseñada para hacer todo con una sola doctrina llegará cada vez más tarde. Una arquitectura de agencias especializadas sobre una base común puede adaptarse: se puede fortalecer una agencia, crear capacidades nuevas o ajustar misiones sin rehacer toda la institución.

Conclusión

A cada misión, una capacidad especializada. A todas, un mismo deber: proteger al ciudadano. La Policía Nacional no necesita otro parche. Necesita una arquitectura diseñada para lo que hoy se le exige.

Fuentes

  1. Este artículo presenta una propuesta de arquitectura institucional. Las piezas se desarrollan, con sus fuentes, en los artículos siguientes de la serie de seguridad.