El sicariato se ha vuelto parte del paisaje cotidiano de varias ciudades del Perú. Un chofer asesinado en su ruta, un comerciante atacado frente a su local, un ajuste de cuentas a plena luz del día. La escena se repite y, con ella, la respuesta institucional: la búsqueda del hombre que apretó el gatillo.
Encontrarlo importa. Pero el gatillero es el último eslabón, no la organización. Es el rol más expuesto, el más fácil de identificar y el más sencillo de reemplazar. El sicariato no se contrata solo: se organiza.
Lo que muestran las cifras
Según el Sistema Informático Nacional de Defunciones (SINADEF), el Perú cerró 2025 con 2.213 homicidios, frente a 2.083 en 2024 y 1.511 en 2023: un promedio superior a seis homicidios diarios. Cerca de tres de cada cuatro fueron causados por arma de fuego, y el propio registro advierte que cientos de muertes siguen sin clasificar, por lo que la cifra real puede ser mayor. El sicariato y la extorsión aparecen de manera reiterada como los principales motores de esa violencia.
Detrás de cada una de esas muertes por encargo hay una pregunta que el sistema responde con menos frecuencia de la necesaria: quién la ordenó, quién la pagó y quién la hizo posible.
Los seis eslabones de la cadena
Un asesinato por encargo involucra, como mínimo, seis funciones distintas. No siempre las cumplen seis personas, pero todas deben existir para que el crimen ocurra.
1. Autor intelectual. Quien decide la muerte y paga por ella. Suele estar a varios intermediarios de distancia del hecho, sin contacto directo con quien ejecuta. Probar su participación exige reconstruir la cadena completa.
2. Intermediario. Quien conecta al contratante con el ejecutor y negocia el encargo. Es la pieza que rompe el vínculo directo entre autor y gatillero. Sin este eslabón acreditado, el caso rara vez llega a quien ordenó.
3. Vigilancia. Quien recopila la información previa sobre la víctima: rutinas, domicilios, vehículos, horarios y entorno. Deja rastro en comunicaciones, desplazamientos y presencia previa en la zona.
4. Armas y logística. Quien provee el armamento, el vehículo y el soporte material. Con frecuencia es una capa compartida entre varias organizaciones, lo que la convierte en un punto de quiebre especialmente valioso.
5. El ejecutor. Quien dispara. Es el rol más visible y más reemplazable de toda la cadena. Su captura resuelve el hecho concreto, pero no la capacidad de la organización.
6. Fuga, encubrimiento y pago. Quien asegura la salida, oculta la evidencia y cierra el encargo: vehículos de escape, destrucción del arma, refugio y transferencia del pago. Es donde la organización deja su huella financiera.
Por qué el modelo actual falla
La investigación de un homicidio suele empezar por la escena y avanzar hacia el autor material. Es la ruta natural: hay testigos, cámaras, casquillos. Cuando se identifica al ejecutor, el caso tiene un responsable y la presión pública disminuye.
El problema es que ese recorrido termina precisamente donde la organización quiere que termine. El gatillero fue elegido porque es prescindible. Si nadie reconstruye el vínculo con el intermediario, con quien vigiló y con quien pagó, la organización contrata al siguiente.
Mi propuesta: mapear todos los roles desde el inicio
Propongo que la arquitectura de cada caso de sicariato mapee todos los roles desde el primer día. No investigar un homicidio y después preguntarse si había una organización detrás, sino abrir el caso con la hipótesis de estructura y buscar cada rol de manera deliberada.
Un caso diseñado solo para acreditar quién disparó produce una condena. Un caso diseñado para probar la cadena produce el fin de una capacidad criminal.
Cómo funciona en la práctica
Cada eslabón deja un tipo de rastro distinto, y el caso debe buscarlos en paralelo, no en secuencia:
| Eslabón | Dónde deja rastro |
|---|---|
| Autor intelectual | Motivo, relación con la víctima, flujo del pago |
| Intermediario | Comunicaciones con el autor y con el ejecutor |
| Vigilancia | Teléfonos, desplazamientos, cámaras en días previos |
| Armas y logística | Origen del arma, vehículos, otros hechos con el mismo armamento |
| Ejecutor | Escena, testigos, evidencia física |
| Fuga y pago | Vehículos de escape, refugio, transferencias |
Esto exige que la investigación combine desde el inicio el trabajo de escena con el análisis de comunicaciones, el rastreo financiero y la trazabilidad del armamento. Un arma usada en varios hechos, por ejemplo, puede conectar casos que hoy se investigan por separado y revelar a quién abastece la logística.
También exige proteger a quien puede declarar. En una cadena donde cada eslabón conoce solo a su vecino, el testimonio de un intermediario o de un colaborador puede ser la única forma de llegar al autor intelectual. Sin protección efectiva de testigos y colaboradores, ese testimonio no llega.
La pena máxima sirve cuando se puede probar la cadena
En el debate público sobre el sicariato suele dominar una sola herramienta: endurecer la pena. Es rápido, es visible y es políticamente rentable en el corto plazo. Pero lo que decide el resultado es otra cosa: la capacidad de probar la organización mediante investigación, análisis de comunicaciones, rastreo financiero y protección de testigos.
Una pena severa aplicada solo al gatillero castiga al eslabón que la organización ya había decidido sacrificar. La pena cambia el cálculo criminal cuando alcanza a quien ordena y financia.
La objeción obvia: no hay recursos para investigar así cada caso
Es cierto que no todos los homicidios tienen detrás una organización, y que investigar cada caso como si la tuviera exigiría una capacidad que hoy el Estado no tiene. La objeción merece una respuesta seria.
La respuesta es priorizar. Los asesinatos por encargo tienen señales reconocibles desde el inicio: modalidad, uso de motocicletas, disparos dirigidos, antecedentes de amenazas o extorsión contra la víctima. Cuando esas señales aparecen, el caso debe abrirse con la hipótesis de estructura. Y la inversión se justifica por su rendimiento: desarticular una cadena previene los siguientes asesinatos que esa misma organización habría cometido. Investigar al gatillero es más barato hoy y mucho más caro mañana.
Qué cambia para el ciudadano
Para el ciudadano, el cambio se mide en que el crimen no se repite. No porque se capturó a un sicario, sino porque la estructura que organizaba los asesinatos fue desarticulada. Para el policía y el fiscal, significa trabajar con casos construidos con arquitectura de organización, no como hechos aislados que se cierran con una detención.
Hacia 2050
Ningún país puede planificar su desarrollo cuando matar por encargo se vuelve un servicio disponible y barato. El sicariato destruye vidas, pero también destruye confianza: en la autoridad, en la justicia y en la posibilidad de emprender sin miedo. Construir hoy la capacidad de probar cadenas completas es construir un Estado que, en las próximas décadas, pueda imponer un costo real a quien ordena la violencia, y no solo a quien la ejecuta.
Conclusión
Si solo se captura al gatillero, la organización puede contratar al siguiente. La cadena del sicariato tiene seis eslabones y cada uno deja rastro. El Estado debe buscarlos todos desde el primer día.
Fuentes
- Sistema Informático Nacional de Defunciones (SINADEF), Ministerio de Salud: homicidios 2023–2025. Reportado por La República, 30 de diciembre de 2025: https://larepublica.pe/politica/2025/12/30/sinadef-el-peru-cierra-el-ano-con-2212-homicidios-inseguridad-hnews-950220.