Cada gobierno anuncia prioridades: una obra emblemática, una meta de anemia, un programa de seguridad. Lo que casi nunca se ve es cómo se sigue su avance semana a semana, quién responde cuando se atrasan y en cuánto tiempo se toma una decisión correctiva.
Con frecuencia, el retraso se descubre cuando ya es noticia. Para entonces, el costo de corregir es mucho mayor que el de haber actuado a tiempo.
El Estado ya tiene capacidades de seguimiento
Sería incorrecto afirmar que el Estado no hace seguimiento. Existen, entre otras, estas capacidades:
- CEPLAN conduce el Sistema Nacional de Planeamiento Estratégico y lidera la medición y el seguimiento de la Política General de Gobierno.
- La Oficina de Cumplimiento de Gobierno de la PCM realiza el seguimiento y la evaluación del cumplimiento de las prioridades del gobierno.
- La Secretaría de Gobierno y Transformación Digital de la PCM conduce instrumentos de cumplimiento y datos en materia digital.
- El MEF concentra la información de presupuesto e inversión pública.
La lista no es exhaustiva. La pregunta no es si estas capacidades existen, sino si convergen de forma suficientemente integrada en una vista ejecutiva de prioridades, responsables, riesgos y decisiones.
El riesgo de monitorear desde fuentes no integradas
Cuando una prioridad se monitorea desde fuentes que no están integradas, cada entidad llega a la reunión con su propia versión del avance. El presupuesto dice una cosa, el sector otra y el reporte de cumplimiento una tercera. La conversación se va en conciliar cifras en lugar de concentrarse en la decisión.
El objetivo de un tablero de control no es producir otro reporte. Es reducir el tiempo entre detectar un problema y decidir qué hacer.
Mi propuesta: una cadena de seguimiento completa
Propongo que la PCM funcione como el tablero de control del Gobierno, organizado sobre una cadena que conecte cada prioridad con una decisión:
- Prioridad nacional
- Resultado esperado
- Entidad y responsable
- Hitos y KPIs
- Riesgos y dependencias
- Alerta
- Decisión o acción correctiva
Cada eslabón responde una pregunta: qué queremos lograr, quién responde, cómo sabremos si avanza, qué puede impedirlo y qué se hace cuando algo se sale de rumbo.
Qué debe mostrar cada línea del tablero
Cada prioridad debería presentar, como mínimo, ocho datos: avance, presupuesto, hitos, retrasos, riesgos, dependencias, responsable y próxima acción con fecha comprometida.
El tablero no es un dashboard bonito. Es un sistema de gestión: si una línea está en rojo, alguien tiene una tarea y una fecha.
Seguimiento no es microgestión
Una PCM con un tablero de control no debe convertirse en una oficina que gestiona todo desde Lima. La distinción es esencial.
| Seguimiento | Microgestión |
|---|---|
| ¿El proyecto crítico avanza? | Administrar una posta de salud desde Lima |
| Si no avanza, ¿por qué? | Dirigir desde la PCM la operación cotidiana de un proyecto sectorial |
| ¿Quién debe corregirlo y para cuándo? | Decidir la operación diaria de un colegio |
La PCM debe ver, alertar y exigir decisiones. La ejecución sigue siendo responsabilidad de cada sector.
Qué debería cambiar: de reportes a rutina de gestión
- Una lista corta de prioridades nacionales, con un responsable nominal por cada una. No cien metas, sino las pocas que definen el éxito de un gobierno.
- Revisiones con cadencia fija, con acuerdos y plazos registrados. Si una reunión no termina en un acuerdo con responsable y fecha, no fue una reunión de gestión.
- Datos tomados de los sistemas de cada sector, no recopilados a mano para la reunión. Cuando el dato se arma para la presentación, llega tarde y llega maquillado.
Más adelante, esta serie explicará cómo, dentro de la propuesta CENIT, KHIPU aportaría datos e inteligencia y YACHAY convertiría esa información en seguimiento, métricas y alertas.
La objeción obvia: otro tablero que nadie mira
El Estado peruano ha visto nacer muchos tableros, plataformas y reportes que terminaron abandonados. Es una objeción justa.
La diferencia no está en la herramienta, sino en la rutina. Un tablero fracasa cuando no está conectado a decisiones: cuando una alerta en rojo no obliga a nadie a nada. Por eso la propuesta no empieza por la tecnología, sino por la lista corta de prioridades, los responsables nominales y la cadencia de revisión. Si la rutina existe, el tablero es su instrumento. Si no existe, ningún software la creará.
Qué cambia para el ciudadano
El ciudadano debería notar que las prioridades anunciadas se cumplen con más frecuencia y que los problemas se corrigen antes de convertirse en escándalos. Una obra que se atrasa tres meses y se corrige es mejor que una obra que se descubre paralizada tres años después.
Hacia 2050
Los planes de largo plazo del Perú solo tienen sentido si el Estado puede seguir su ejecución de gobierno en gobierno. Un sistema de seguimiento institucionalizado, con datos que no dependen de quién ocupa el cargo, permite que las prioridades sobrevivan a los cambios de gabinete y que cada gestión herede información en lugar de empezar de cero.
Conclusión
Un Gobierno no puede gestionar lo que no puede ver. El Perú ya tiene las piezas del seguimiento. Lo que falta es convertirlas en una rutina de gestión donde cada línea en rojo tenga un responsable, una tarea y una fecha.
Fuentes
- Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN), funciones institucionales en gob.pe.
- Presidencia del Consejo de Ministros: Oficina de Cumplimiento de Gobierno y Secretaría de Gobierno y Transformación Digital, funciones institucionales en gob.pe.
- Ministerio de Economía y Finanzas: sistemas de información de presupuesto e inversión pública.