CENIT·PROPUESTA

El Estado no debería tercerizar su cerebro ni contratar tecnología que no sabe auditar

Contratar al mercado es legítimo y muchas veces es la mejor decisión. El problema aparece cuando el proveedor termina controlando también la arquitectura, los requisitos, la supervisión y el conocimiento. Propongo que ciertas capacidades se queden siempre dentro del Estado y que la transferencia de conocimiento sea una condición de todo contrato tecnológico.

Cuando se habla de fortalecer la capacidad digital del Estado, aparece rápido una falsa disyuntiva: o el Estado construye todo con equipos propios, o lo compra todo al mercado. Ninguna de las dos funciona. La pregunta útil es otra: qué debe comprar el Estado y qué no puede dejar de saber hacer.

El Estado no necesita construir todo internamente

Contratar al sector privado es legítimo, útil y, en muchos casos, lo más eficiente. El Estado puede comprar software, infraestructura, servicios de nube, consultoría, integradores, soporte, implementación y especialistas. El mercado aporta velocidad, tecnología y talento que una entidad pública no siempre tiene.

Nada de lo que sigue es un argumento contra contratar. Es un argumento sobre cómo contratar.

Dónde aparece el problema

El problema no está en contratar, sino en lo que se entrega junto con el contrato. Aparece cuando el proveedor termina controlando también:

  • La arquitectura del sistema.
  • Los requisitos de lo que se construye.
  • La supervisión del trabajo.
  • La aceptación de los entregables.
  • El conocimiento técnico acumulado.
  • Las decisiones técnicas estratégicas.

Cuando el mismo actor define, construye y aprueba, el comprador dejó de ser comprador. El Estado paga, pero ya no está en condiciones de saber si recibió lo que pagó.

Qué es quedar atrapado en una solución

En la literatura técnica se lo llama vendor lock-in: la situación en la que cambiar de proveedor es tan costoso o tan riesgoso que, en la práctica, el Estado ya no puede hacerlo. Suele venir de datos guardados en formatos cerrados, integraciones no documentadas y conocimiento que nunca se transfirió a un equipo público.

El efecto es previsible. Sin posibilidad real de cambiar, desaparece la competencia en las siguientes contrataciones, y con ella la presión sobre precio y calidad.

Mi propuesta: capacidades que se quedan dentro del Estado

Propongo que un núcleo de capacidades permanezca siempre dentro del Estado, concentrado en CENIT, la institución que propongo para la arquitectura digital:

CapacidadPor qué no se delega
Arquitectura empresarialDefine cómo encajan los sistemas; sin ella cada compra es una isla
Gobierno de datosEl Estado debe saber qué datos tiene, dónde están y en qué formato
IdentidadEs la base de la relación con el ciudadano
Ciberseguridad estratégicaLa responsabilidad por la protección no se terceriza
EstándaresSon las reglas que todo proveedor debe cumplir
Gestión técnica de contratos, QA y supervisiónPermiten verificar lo que se recibe
Gestión del conocimientoDocumentación y memoria técnica que sobreviven a cada contrato

Dos roles distintos

El modelo que propongo separa funciones. El Estado diseña, gobierna, supervisa y audita. El mercado compite, provee, construye e implementa.

La división no es absoluta. Puede haber desarrollo interno, desarrollo externo o equipos mixtos, según el caso. Lo que no se delega es la capacidad de diseño y supervisión estratégica.

Transferencia de conocimiento como requisito, no como favor

La forma práctica de evitar el encierro es escribirla en el contrato. Todo contrato tecnológico relevante debería exigir documentación técnica completa y actualizada, modelos de datos y esquemas de integración, capacitación al equipo público responsable y condiciones de salida y portabilidad definidas desde el inicio. Cuando estas condiciones se negocian al final, el proveedor ya tiene toda la ventaja.

La objeción obvia: el Estado no puede competir por ese talento

Sé que los arquitectos, especialistas en datos y expertos en ciberseguridad son escasos y bien pagados en el mercado. Si el Estado no puede atraerlos, la propuesta queda en el papel.

Por eso esta pieza no se sostiene sola. Requiere un régimen de contratación competitivo para un núcleo pequeño de especialistas, que es el tema de un próximo artículo de esta serie. El núcleo que se necesita para diseñar y supervisar es mucho menor que el que haría falta para construirlo todo, y su costo es bajo comparado con lo que se pierde comprando sin saber qué se compra.

Qué cambia para el ciudadano

Para el ciudadano, significa servicios digitales que no quedan congelados porque cambiar de proveedor es imposible, y un gasto público en tecnología que se puede auditar. Cuando el Estado sabe qué compra, paga lo que corresponde y exige lo que pagó.

Hacia 2050

La tecnología que el Estado use en 2050 todavía no existe. Lo que sí puede construirse hoy es la capacidad de evaluarla, comprarla bien y cambiarla cuando deje de servir. Un Estado que conserva su conocimiento técnico puede aprovechar cada nueva generación de tecnología; uno que lo terceriza queda atado a la anterior.

Conclusión

Un proveedor puede construir una solución. El Estado debe saber exactamente qué está comprando.

Fuentes

  1. Este artículo desarrolla una propuesta institucional de Letras de Cambio. No cita cifras ni normas específicas.