A lo largo de su vida, una persona puede atenderse en un centro de salud de su región, en un hospital del MINSA, en EsSalud y en una clínica privada. Cada uno tiene sus propios sistemas y sus propios registros.
Si no hay una forma común de resolver la identidad, esa persona puede quedar registrada varias veces, de formas distintas, en sistemas que no se hablan. Para el sistema de salud, en la práctica, puede ser varias personas.
Qué produce esa identidad paralela
Cuatro riesgos:
- Registros duplicados de la misma persona.
- Datos clínicos asignados al paciente equivocado: un resultado o un diagnóstico que termina en el registro que no es.
- Historias fragmentadas entre instituciones.
- Continuidad asistencial difícil cuando el paciente pasa de un prestador a otro.
Son riesgos conocidos en sistemas de salud de todo el mundo. Cuánto pesan en el caso peruano requiere medición oficial, y no voy a inventar una cifra.
Lo que ya tenemos: una fuente de identidad civil
El Perú no necesita inventar una identidad para el sector salud. Identificar a las personas es una función civil ya establecida, a cargo de RENIEC.
Salud no necesita crear una identidad nueva. Necesita poder resolver, con autorización, que dos registros pertenecen a la misma persona.
Mi propuesta: identidad maestra del paciente
Propongo una identidad maestra del paciente: un mecanismo que permita a los sistemas autorizados reconocer que registros distintos pertenecen a la misma persona, dejando cada historia donde se produce.
Tres rasgos la definen:
- Resuelve quién es quién, no el contenido clínico. No guarda diagnósticos ni tratamientos. Solo establece que el registro A y el registro B son la misma persona.
- Funciona con reglas de autorización y trazabilidad de cada consulta.
- Admite distintas implementaciones. Es un requisito funcional, no un producto.
No supone una base central, ni un producto, ni un proveedor. El diseño técnico le toca al sector Salud junto con la arquitectura común que propongo a través de CENIT.
Identidad no es centralizar la historia
Son dos decisiones distintas y no hay que mezclarlas.
Identidad es saber que eres la misma persona: correspondencia entre registros, con autorización y auditoría.
Centralización es guardar toda tu historia en un solo repositorio. Es otra decisión, con otras implicancias legales, clínicas y de seguridad.
No sostengo que una historia clínica nacional única sea la única solución posible. La identidad maestra del paciente funciona también con historias distribuidas entre prestadores, que se consultan cuando corresponde y con autorización.
Dónde se nota
- Emergencia: un paciente inconsciente llega a un establecimiento que no es el suyo.
- Referencia: un caso pasa de un centro de salud a un hospital de mayor complejidad.
- Medicamentos: continuidad del tratamiento y control de interacciones, con acceso acotado y autorizado.
- Laboratorio: evitar exámenes repetidos sin necesidad, cuando clínicamente corresponda.
- Seguimiento: una enfermedad crónica atendida por más de una institución.
En todos, la pregunta previa a cualquier intercambio de información clínica es la misma: ¿estamos hablando de la misma persona?
Sin privacidad y autorización, no hay propuesta
Esta es una condición no negociable. La identidad maestra del paciente tiene que operar con cuatro reglas:
- Cada acceso con base legal válida, finalidad legítima y el mínimo dato necesario.
- Registro auditable de quién consultó qué y por qué.
- Consentimiento o autorización del titular cuando la ley lo exija.
- Protección reforzada de los datos sensibles y respeto a los derechos del paciente sobre su información.
Los datos de salud son datos sensibles. Un mecanismo de identidad mal gobernado podría facilitar accesos indebidos a información muy delicada. Por eso estas reglas son parte del diseño, no un anexo.
Cómo lo implementaría
- Usar la identidad civil como ancla: el DNI como identificador de referencia, con reglas para cuando no está disponible, como recién nacidos, extranjeros o pacientes no identificados en una emergencia.
- Reglas comunes de correspondencia entre registros, incluidas las de corrección cuando se detecta que un dato se asignó mal.
- Integrar primero a los grandes prestadores públicos: MINSA, gobiernos regionales y EsSalud. Después, los privados.
- Medir: duplicados detectados y resueltos, errores de asignación corregidos y tiempos de acceso en referencias y emergencias.
La objeción obvia: esto permitiría reconstruir tu historia sin que lo sepas
Un mecanismo que vincula registros entre prestadores podría usarse para armar la historia completa de alguien a sus espaldas. Es la objeción más fuerte. Mi respuesta es separar identidad de contenido, exigir autorización para cada acceso clínico y registrar cada consulta de forma auditable.
La otra objeción es la complejidad institucional: MINSA, gobiernos regionales, EsSalud, sanidades y privados tienen marcos distintos. Justamente por eso me limito a un requisito funcional común y no propongo imponer un sistema único.
Qué cambia para el paciente
Cambiar de prestador ya no significaría volver a demostrar quién eres. En una emergencia, el establecimiento podría identificarte bien. Tus resultados no se perderían entre registros duplicados. Y cada acceso a tu información quedaría registrado.
Hacia 2050
Un sistema de salud integrado empieza por algo que parece simple: saber que el paciente es quien es, en cualquier establecimiento del país. Quiero ver un Perú donde prestadores públicos y privados reconozcan a la misma persona de forma confiable, con historias que se consultan cuando corresponde y con la privacidad del paciente protegida desde el diseño.
Conclusión
Cambiar de prestador no debería significar volver a demostrar quién eres. La identidad del paciente es la base mínima de cualquier integración clínica, y se puede resolver sin centralizar su historia.
Fuentes
- Propuesta de Letras de Cambio sobre identidad del paciente e interoperabilidad en salud. La identificación civil de las personas corresponde al RENIEC. CENIT es una propuesta editorial de Letras de Cambio; no es una entidad existente.