En los artículos anteriores de esta serie propuse que el Estado deje de digitalizarse entidad por entidad y que exista una institución técnica permanente, CENIT, encargada de la base común. La pregunta natural es dónde termina esa base y dónde empieza la autonomía de cada sector. Este artículo traza esa línea.
Lo que existe hoy: cada materia tiene su autoridad
El Estado peruano reparte sus responsabilidades por materias, y cada una tiene una autoridad competente:
| Materia | Autoridad |
|---|---|
| Salud | MINSA |
| Educación | MINEDU |
| Identidad civil | RENIEC |
| Servicio civil | SERVIR |
| Finanzas públicas | MEF |
| Justicia | Autoridades competentes |
Cada una es la autoridad funcional dentro de su competencia y conserva su rectoría y sus decisiones sustantivas. La propuesta no toca eso. Nadie fuera del MINSA debería decidir la política sanitaria, ni nadie fuera del MEF la política fiscal.
El problema empieza cuando cada uno construye su propia capa técnica
La dificultad no está en que haya muchos dueños de políticas. Está en que cada uno defina, además, su propia forma de identificar a las personas, de organizar sus datos, de proteger sus sistemas y de conectarse con los demás.
Cuando eso ocurre, el Estado termina con muchas soluciones que funcionan hacia dentro y casi ninguna que funcione entre entidades. El ciudadano lo percibe de una sola forma: vuelve a entregar la misma información en cada ventanilla, crea un usuario nuevo en cada portal y descubre que lo que registró en una entidad no existe para la siguiente.
Mi propuesta: una capa común debajo de todos
Propongo que todas las entidades operen sobre una misma capa técnica, diseñada y sostenida por CENIT, la institución que Letras de Cambio propone. Esa capa tendría siete componentes:
- Identidad digital transversal: una forma común de autenticar a las personas ante cualquier entidad, apoyada en la identidad civil que administra el RENIEC.
- Interoperabilidad: reglas y canales para que las entidades se consulten entre sí.
- Arquitectura: el mapa de cómo encajan los sistemas del Estado.
- Ciberseguridad: un piso de protección que no dependa del tamaño de cada entidad.
- Datos: fuentes oficiales, responsables y estándares para cada dato público.
- Estándares técnicos: reglas que cualquier sistema nuevo debe cumplir para conectarse.
- Infraestructura común: los servicios compartidos que no tiene sentido duplicar.
Sobre esa capa, cada sector sigue construyendo los sistemas propios de su misión.
Cómo entenderlo: una red común, decisiones propias
La analogía más útil es la de la red eléctrica. Actividades muy distintas usan la misma red sin que la empresa eléctrica decida qué produce cada una. Una fábrica, un hospital y una escuela se conectan al mismo sistema y cada uno hace con esa energía lo que su función exige.
Con la arquitectura digital ocurre lo mismo. La infraestructura es compartida; las decisiones siguen siendo de cada quien.
Una sola arquitectura no es una sola tecnología
Esta precisión evita el malentendido más común. Una arquitectura común es un conjunto de reglas de identidad, interoperabilidad, seguridad y datos que todos cumplen. No implica un único proveedor, una única nube ni un único lenguaje de programación.
Una arquitectura bien definida admite múltiples tecnologías compatibles entre sí. De hecho, es lo que permite que el Estado compre a distintos proveedores sin quedar atado a ninguno: si las reglas de conexión son públicas y comunes, cambiar de solución deja de ser un proyecto de años.
Qué evita una arquitectura única
Una capa común evita cuatro problemas concretos:
- Duplicación: dejar de pagar varias veces por la misma capacidad.
- Incompatibilidad: sistemas que no pueden conversar entre sí.
- Dependencia: entidades atadas a una solución que no pueden cambiar.
- Integraciones tardías: conectar al final lo que debió nacer conectado.
Los cuatro tienen un costo que hoy no aparece en ningún presupuesto como partida propia, porque se reparte en contratos de integración, migraciones y mantenimiento de sistemas paralelos.
La objeción obvia: una sola arquitectura es un solo punto de falla
Es una preocupación seria. Si toda la base técnica depende de una institución, un error de diseño o una falla de gestión afecta a todo el Estado a la vez, y la institución misma puede volverse un cuello de botella.
La respuesta está en distinguir reglas de operación. Lo que se unifica son las reglas: cómo se identifica a una persona, cómo se intercambian datos, qué mínimos de seguridad se cumplen. La operación puede seguir siendo distribuida, con varios proveedores y varias infraestructuras compatibles. Y una arquitectura común también hace más fácil algo que hoy es casi imposible: auditar el conjunto y saber dónde están los riesgos. Los artículos siguientes de esta serie desarrollan la gobernanza y los controles de CENIT, que son la otra mitad de esta respuesta.
Qué cambia para el ciudadano
Para el ciudadano, el cambio es que el Estado se comporta como uno solo aunque tenga muchas autoridades. Una sola identidad para relacionarse con todas las entidades, datos que no tiene que volver a entregar y servicios que no se cortan en la frontera entre una oficina y otra.
Hacia 2050
El Estado seguirá teniendo muchos dueños de políticas, y es bueno que así sea. Lo que se decide ahora es si esas políticas se ejecutarán sobre una base común o sobre decenas de bases incompatibles. Una arquitectura única, construida con paciencia durante los próximos años, es lo que permitirá que cada nueva política digital sume al conjunto en lugar de fragmentarlo.
Conclusión
Centralizar la arquitectura no significa centralizar la política pública. Muchas autoridades pueden decidir sobre una sola base técnica.
Fuentes
- Decreto Legislativo 1412, Ley de Gobierno Digital.
- Ley 29158, Ley Orgánica del Poder Ejecutivo.